23-02-2012
Una lectura de Terremoto, escrito por Natacha Ortega e ilustrado por Valentina Echeverría, publicado por la editorial uruguaya ¡Más pimienta!
Un terremoto es un quiebre. La tierra se abre como gritando algo. Y cuando la tierra grita, el terremoto se desliza por el corazón de los humanos como avisando que está enojado. Algunos terremotos, sin embargo, parecen suceder adentro de las personas. El quiebre. La grieta. Como un agujero muy cerca del pecho cuando la naturaleza quiere hablarnos. Los niños a veces se comportan como los terremotos. Rompen mandatos y estructuras en un permanente intercambio entre la niñez y el mundo.
Lo cierto es que cuando el terremoto llega, todo aquello que dábamos por seguro comienza a tambalear, vuela por el aire o sencillamente… desaparece. Un océano profundo libera la energía acumulada de todos los silencios del fondo del mar.
Los terremotos destruyen algunas o muchas cosas lindas, y a veces se lo llevan todo. Pero otras, parecieran dejar inevitables aprendizajes. Quien haya sobrevivido a un terremoto respetará el mensaje expresado por el planeta por sobre todas las cosas.
Conocemos el miedo y, con él, la sensación de que nada nos es dado para siempre, la reflexión acerca de lo imponente que puede ser a veces la naturaleza cuando la Tierra quiere decirnos algo desde las entrañas más profundas.
En el libro Terremoto escrito con dulzura por Natacha Ortega e ilustrado con originalidad y delicadeza por Valentina Echeverría, una nena se ve sorprendida por un ruido tan feroz como un susto de ballena cayendo de un décimo piso. El miedo se hace presente y la nena del cuento describe las sensaciones que pueden acompañarnos cuando la incertidumbre nos paraliza.
Los objetos flotan. El aire se condensa. Lo que era arriba ahora es abajo y viceversa. Los juguetes vuelan. La vida se vuelve una pregunta, y aún en esos momentos de crisis o quiebre natural, humano, universal y desesperante, alguien extiende sus brazos y aporta calidez y ternura.
La tierra se despereza como un gato y las ilustraciones del libro comienzan a formar montañas de belleza.
¿Cuántas cosas puede decirnos un terremoto? ¿Querrá mostrarnos que el miedo es parte de la vida? ¿Estará enojada la Tierra en algunos países del mundo? ¿Querrá enseñarnos a valorar la vida y a los seres amados por sobre todas las cosas?
El terremoto que viven los niños o los grandes, a veces se parece al que sufre en ocasiones el planeta.
Nadie nos entiende. La grieta se abre. Todo gira. Lo material se desvanece.
Nuestra naturaleza habla.
Queremos gritar.
Gritamos poesía cuando algo nos lastima por dentro.
♥ ¡Gracias, Coni! ♥
Publicado en: Blog de Eterna Cadencia

Da gusto leer comentarios como el de Coni Salgado. Reconforta sentir que otro es capaz de trasmitir con profunda claridad poética aquello que un libro despertó en nosotros.
ResponderSuprimirFelicitaciones a Coni y a todos los implicados en la edición de "Terremoto".
Sergio
Gracias por tu comentario, Sergio.
ResponderSuprimirMuchos saludos.